April 20

Contrareloj

Medía escrupulosamente sus posibilidades. Si cortaba un cable equivocado todo podía volar en pedazos. Si cortaba el correcto salvaría el día. Todo era cuestión de decidir qué cable era el correcto… en menos de 10 segundos.

Esos 10 segundos parecieron una eternidad. El tiempo pasaba en su mente con una velocidad atrofiada. Cada reflexión sobre lo que podía hacer tal o cual cable, sobre cómo y dónde estaban conectados, cuál era la composición de la bomba, todo rebotaba en su mente. Repasó sus cursos de química, sus entrenamientos antibombas, los simulacros, incluso pudo darse cuenta de que se sentía exactamente igual a aquella vez en la que le declaró su amor a Sofía.

Sofía era una niña hermosa, amable, celestial. Cuando él estaba apunto de decir las fatídicas palabras “Me gustas” los segundos se alargaron de igual manera. Al final Sofía se dio la vuelta y se fue, dejando al pobre niño enamorado solo y decepcionado. Sofía dejó de ser la niña que era para convertirse en la fea, grosera y fantasmal criatura que desde entonces detesta por preferir a Abraham, el capitán del equipo de futbol americano, en vez de a él.

De todo esto se acordó mientras miraba irremediablemente ambos cables. Quedaban solo 8 segundos y para complicar aún más las cosas, esta no se trataba de una decisión de “el rojo o el verde” como era en las películas. Aquí todos los cables eran grises. Era como no ver colores. Como ser daltónico. Aunque, como recordó en ese momento, el daltonismo no es la falta de percepción de colores, sino la confusión que se puede dar entre determinados tonos. De cualquier forma no había colores que le ayudaran a decidir, ni con los cuales confundirse, la bomba era una bomba gris.

Así decidió nombrarla: la bomba gris. Habían llegado a un nivel de relación tan profundo que podía empezar a ponerle nombres. Primero inentó nombrarla María. María Bonita. Evidentemente este no era un buen nombre para una bomba a la que le faltaban 5 segundos para estallar. Mientras recordaba a Sofía pensó hacerla su tocaya, pero luego rechazó esa idea al darse cuenta de que incluso la bomba iba a tener alguna interacción con él, fuera estallar o apagarse, obtendría una respuesta, contrario a esa alma endemoniada de Sofía quien simplemente se volteó y se fue.

La bomba gris fue el mejor nombre disponible. A final de cuentas… era gris. Y era gris en todo sentido, era gris en actitud, era gris en diseño, era gris en color y en disposición. No quería cooperar.

Hacían falta 3 segundos. La bomba gris y él se miraron fijamente. La miraba con aquella mirada que pretende descubrir los secretos mejor guardados de aquel a quien se ve. Como cuando su mamá le preguntaba algo sabiendo que él había hecho alguna travesura. No tenía caso mentir, porque esa mirada, esa potente mirada de su madre indicaba claramente que ella ya sabía la verdad. Mentir en un caso así solo podría empeorar las cosas. Así la miró, pero leer una bomba parece ser mucho más difícil que leer a un niño asustado a punto de ser castigado por haber hecho alguna travesura.

Dejó de mirarla entonces. Le quedaban dos segundos. Pretendió sentir cuál era el cable correcto. Trató de usar ‘la fuerza’. Se acordó de aquella escena de Star Wars donde Luke dispara un torpedo sin mirar. Quiso cortar el cable sin mirar. Se acordó de que aquella película era su favorita, era la mejor de la saga, las más recientes no le gustaban tanto. Recordó que iba a salir una nueva y esperó que fuera mejor que las anteriores. Esperaba poder ir a verla, si tan solo supiera cuál era el cable correcto…

Llegó por fin el último segundo. Todos los pensamientos anteriores y otros muchos más se juntaron en un instante. Su mano temblaba. Las pinzas pasaban nerviosamente de un cable al otro. Pensó aplicar el ‘tin marin’ o el ‘ave maría dame puntería’, pero ya no había suficiente tiempo para decir toda la cantaleta. Debía escoger un cable ya. Debía cortarlo ya… las décimas bajaban en el reloj electrónico de la bomba. 00:00:03, 00:00:02, 00:00:01… ¡Click!

Subject: Time
Technique: Writing