January 9

Morfeoclaustroterio

Alfred se acercaba lentamente a la salida de un espacio vacío. Sabía que estaba vacío porque la poca luz que alumbraba desde la salida (o el orificio que él tomaba como tal) iluminaba lo suficiente para distinguir que no había nada en ese lugar. Solo él. O la conciencia de él, pues tampoco veía su cuerpo.

Sabía que se acercaba a la salida porque la luz crecía. Pero, su posición respecto a esa única pared infinita de metal negro que le rodeaba era la misma. Llegó a pensar que, quizá, no se acercaba; tal vez el orificio se hacía más grande. Pero no podía ser así porque, si en efecto el agujero crecía, también debía aumentar la cantidad de luz que entraba en la bóveda, y eso no sucedía. La oscuridad permaneció.

Quiso recordar cómo llegó ahí. Estaba ordeñando las cabras y… debió quedarse dormido. ¡Claro! Estaba en esa etapa del sueño en la que uno sabe que duerme, pero no puede despertar.

Llegó a la luz, a la salida.

Entonces abrió los ojos.

Despertó.

Atrapado en el mismo lugar.

Cuento formado a partir de las palabras: cabra, iluminar, bóveda.

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